Los trabajadores de los CACT tributan un cálido homenaje al genio desaparecido hace 24 años, en el que participaron los alumnos del CEIP San Juan de Haría, el artista Ildefonso Aguilar y el tenor Juan Manuel Padrón

Los trabajadores de los Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote siguen teniendo muy presente la figura de su creador, César Manrique, tristemente desaparecido hace ya 24 años.

Por eso, como ya es tradición, se dieron cita esta mañana en el cementerio de Haría, donde reposan sus restos mortales, para tributar un cálido homenaje al genio, en el que estuvieron acompañados por el presidente Accidental del Cabildo de Lanzarote, José Juan Cruz; el alcalde de Haría, Marciano Acuña, y miembros de su grupo de gobierno, el consejero de Turismo de la Primera Institución insular, Echedey Eugenio, y el consejero delegado de los CACT, José Juan Lorenzo, además de familiares, amigos y seguidores del artista.

Como es también tradición, un grupo de alumnos del CEIP San Juan de Haría fue el encargado de abrir el acto recitando unas reflexiones escritas por Manrique.

Entonces, tomó el testigo Ildefonso Aguilar, quien agradeció la invitación formulada por los trabajadores de los Centros para participar en este evento “que recuerda el fallecimiento, que no la desaparición, de César Manrique”. Aguilar glosó la figura de un genio “sobre el que ya está todo dicho o escrito, que puso en valor la sorprendente belleza de la isla y sus paisajes, y situó a Lanzarote en el mapa universal”, e invitó a seguir evocando al artista cada año “porque el olvido lleva a la pérdida de valiosos recuerdos”.

Unas emotivas Malagueñas a César Manrique, escritas e interpretadas hoy por Juan Manuel Padrón, pusieron brillante punto y final al sencillo acto. La letra y la voz del tenor lanzaroteño hicieron temblar el silencio del camposanto norteño.

Tras depositar varios ramos de flores y coronas sobre la tumba del artista, el presidente Accidental del Cabildo de Lanzarote, José Juan Cruz,  felicitó a los trabajadores de los CACT, “que 24 años después del fallecimiento de César Manrique mantienen vivo el patrimonio que nos legó”, y agradeció a sus familiares que “nos den la oportunidad de compartir este día tan significado”. Cruz, además, apuntó que “César Manrique dejó claro qué es lo que quería para la isla e impregnó de esa filosofía a todos los que trabajaban junto a él. Personas que hoy integran el Comité Asesor de los Centros, desde donde mantienen vivos los planteamientos que César quiso para esta isla”.

Por su parte, el consejero de Turismo del Cabildo de Lanzarote y presidente del Consejo de Administración de los CACT, Echedey Eugenio, tras felicitar y agradecer, igualmente, a los trabajadores de los CACT “una iniciativa que es una muestra y un reconocimiento a nuestro artista más vigente y universal”,  apostó por “no perder la perspectiva que legó César Manrique a la isla y a quienes vivimos en ella. Una filosofía implícita en cada conejero” concluyó, “que nos hace ser conscientes de hacia dónde vamos pero de donde no queremos desviarnos”.

César Manrique, el genio inmortal

César Manrique (Arrecife, 24 de abril de 1919-Teguise, 25 de septiembre de 1992) consiguió cincelar sobre el entorno natural una obra en perfecta simbiosis y equilibrio con el escenario en el que trabajaba. Interpretó como nadie la belleza y el valor del espacio que le envolvía, y plasmó en él su genial imaginación. Su legado y prestigio traspasaron fronteras pero, sin duda, es en Lanzarote, la isla que le vio nacer, donde logró manifestar en mayor medida su amor por el paisaje, ese que otros consideraban desértico, árido e inhóspito pero que para él era sinónimo de belleza. Así, desde el respeto, la admiración y la gratitud hacia el entorno en el que había crecido, elaboró su trabajo.

Su primera obra en Lanzarote, y quizás la más espectacular, fue Jameos del Agua, con la creación de un auditorio natural perfectamente integrado en una caprichosa formación volcánica. Su belleza, sus contrastes de luz y colores la convierten en un trabajo universalmente admirado. Esta obra puede resumir en gran medida lo que Manrique realizó durante toda su vida: composición de espacios en los que la aportación humana quedara armoniosamente integrada con el entorno natural, ensalzando su belleza y sus valores. El mirador del Río, su propia casa, en el Taro de Tahiche, el Monumento al Campesino y el Jardín de Cactus son otras de las obras más significativas del artista.

Pero Manrique también dejó un importante legado fuera de su isla natal. Destacan el espectacular mirador de La Peña, en El Hierro; el mirador de Palmarejo, en La Gomera; el Parque Marítimo de Puerto de la Cruz y Playa Jardín, en Tenerife; el Centro Comercial La Vaguada, en Madrid, y el amplio Parque Marítimo del Mediterráneo, en Ceuta. Son todas ellas creaciones de espacios públicos, trabajos de arquitectura y urbanismo verdaderamente singulares en los que el entorno natural es el principal protagonista.

Para César Manrique la naturaleza no fue sólo la referencia fundamental para su creación artística sino también para su vida. No creó en la naturaleza sino que creó con ella, y su relación con el entorno no fue simplemente estética sino de un verdadero y ejemplar compromiso con la defensa del medio ambiente.